¿Y creías que no era posible rebosar?
¿Pensabas que en algún momento podrías despegar
toda esa marea de tu cuerpo?
No, borrachos de placer e impregnados
de gemidos y sudor,
tan sólo nos queda continuar,
seguir, decir que sí, aunque duela,
siempre bajo la ciega certeza de que nunca es suficiente,
de que para nacer hay que morir...
¿Aún no sabes hasta dónde puedes llegar?